Esto pasa cuando decides ser la otra

Artículo original publicado en Actitudfem.

Salvo contadísimas excepciones a la regla, la historia irá así:

Conocerás a un tipo, amigo de tus amigos o en la oficina o en una fiesta, con el que sentirás una química increíble. Probablemente te guste mucho físicamente (o tal vez no tanto… al principio) pero seguramente tendrás una plática súper interesante, coincidirán en muchas cosas, tendrán intereses similares y hasta harán el mismo deporte o verán la misma serie de TV en ese momento.

Este chico te hará sentir esas mariposas que hacía mucho no sentías pero sobre todo, te hará sentir especial… Te hará sentir como que eres la única mujer con la que puede hacer esto o hablar de aquello.
Y luego te vas a enterar que tiene novia (o esposa, en el peor de los casos).

Y tu cerebro te dirá que te alejes, que no le vuelvas a hablar, que no vale la pena seguir encendiendo una chispa que le pertenece a alguien más. Pero tus mariposas seguirán emocionándose cada vez que te hable… y entonces pensarás que, si se siente tan bien, no puede ser tan malo.

Si tienes la mala suerte de convivir diario con él… Este proceso se acelerará al 1000%, porque la convivencia es traicionera. Él te seguirá hablando todo el tiempo, como si no estuviera haciendo nada malo, porque en realidad, no ha pasado nada. Son 2 adultos que tienen una plática súper interesante, pero en el fondo, tú sabes que cada chiste del que te ríes y cada sonrisa que le regalas te acercan al momento en el que tendrás que tomar una decisión definitiva.
Y el momento llega… Cruzarán una línea, aunque no sea física: habrá una frase, una mirada, una foto, una caricia, algo que te hará saber que estás a punto de quemarte. Ese algo que, si su novia viera, no perdonaría.
Tu cerebro te dirá que estás a tiempo, que no has hecho nada malo, que puedes frenar esto… pero alguna estúpida mariposa te estará mal aconsejando cada vez que él te diga que eres la única persona con la que puede platicar de esto o la única mujer que lo ha visto llorar o la única mujer que realmente lo entiende.

Él, por alguna razón incomprensible, te hará sentir especial, te hará creer que contigo vive cosas que no vive con su pareja y que tienes algo que él prácticamente necesita para respirar. Todo mientras sube fotos con su novia el fin de semana.

Pero te harás de la vista gorda y la primera foto dolerá pero la segunda dolerá menos y así hasta que hasta las busques enfermamente mientras la criticas como si ella fuera la enemiga. Tus amigas te dirán que no lo hagas, que te salgas de esa historia, que no te conviene, que no es lo que tú quieres, que te mereces algo mejor… Pero tus mariposas engañadas hablarán más fuerte.
Hasta que llega el día en el que tomarás la decisión de quemarte… Lo harás sabiendo que estás tomando una mala decisión, una que tal vez ya habías tomado en el pasado y de la que te habías arrepentido, una decisión que va a terminar mal.

Pero te acuestas con él.

Y al principio todo es maravilloso… Y lo harán en cada esquina, en cada rincón, a cada minuto que pueden. Te tratará como princesa, como reina, como la mejor mujer con la que ha estado. Te dirá que eres la mejor en la cama, que nadie lo había acariciado como tú. Y te lo vas a creer.

Te vas a emocionar cada vez que te cuente que se peleó con su novia… Cada cosa mala que ella haga se sentirá como una pequeña victoria dentro de ti porque sentirás que estás conquistando su terreno, que cada pelea de ellos te acerca más a él.

En el fondo empezarás a albergar la esperanza de que la deje y esté contigo… Pensarás que eres la mujer que él necesita y te alabarás a ti misma cada vez que consigas algo que lo haga feliz porque te reafirmará la idea de que tú y sólo tú podrás hacerlo feliz.

Pero él sigue subiendo fotos con su novia… Y a pesar de que te cuente de los millones de pleitos que tienen seguirá estando con ella. Hasta que tú empieces a desesperarte y a exigirle más tiempo, más intimidad, más espacios… Querrás que te acompañe a una fiesta o que esté contigo cuando algo te pase, pero él no podrá hacerlo porque estará con su novia.

Y cuando lo que antes era el mejor sexo se convierta en alguien que le pone límites y le reclama cosas empezará a alejarse. Empezará a decirte a ti los mismos pretextos que le decía a su novia cuando le mentía para verse contigo.

Las conversaciones en la noche se convertirán en silencios incómodos… Te sentirás mal de exigirle cosas pero al mismo tiempo querrás que te dé nuevamente todo eso que te daba al principio, esa sensación de ser lo mejor que tenía en su vida. Y cada foto que suba con ella ahora se sentirá como un fracaso tuyo… sentirás que cada pelea que ustedes tienen lo acerca más a ella.

Y así hasta que alguno de los 2 explote y decida alejarse… en el mejor de los casos escucharás a tu cerebro y tomarás la decisión que debiste haber tomado desde el principio: alejarte. O, se irá él a seguir su relación o se irá él porque cortó con esa novia y encontró otra.

La cosa es que estas historias nunca terminan bien… Lo he vivido yo y lo he vivido en muchas historias de mis amigas y nunca, nunca termina bien. Si tu relación empieza con mentiras hacia otra persona, si empieza a escondidas, en las sombras… No será nunca una relación positiva, ni una relación que te haga inmensamente feliz ni que te haga mejor persona.

Si sabes esto desde el principio y aún así decides entrarle… Adelante. Pero esto VA a pasar. Y si por alguna razón decides hacerle caso a este consejo ajeno y puedes experimentar en mi cabeza y en mis horribles decisiones, ¡gracias! Hazlo… porque de verdad te vas a ahorrar muchos meses de angustia.

Si está con otra… No es para ti.

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Si no lo valora… no lo merece

Texto original publicado en Actitudfem.

Mientras escribía un artículo sobre cómo sentirte más cómoda estando desnuda pensaba en que muchas veces no es nuestra percepción la que nos limita, sino la de la persona que tenemos a un lado.

Y me acordé de todos esos novios de mis amigas que les “sugerían” meterse al gimnasio, o que las juzgaban cuando se comían esa hamburguesa gigante, recordándoles que habían batallado para ponerse los jeans esa mañana.

A nosotras nos parecía lo más chistoso del mundo mientras éramos adolescentes, y no pensábamos que detrás de esos comentarios se escondiera un monstruo baja autoestimas.

Afortunadamente ninguna de mis amigas se casó con ese novio, y la mayoría de ellos están echando panza mientras mis amigas son más guapas cada día que pasa.

Y entonces entendí que muchas de nuestras inseguridades vienen de lo que otros opinan de nosotros… principalmente la opinión de nuestras mamás y de nuestras parejas.

Yo también tuve un noviecito tarado que me dijo que yo sería su mujer perfecta si pesara 20 kilos menos…

Tardé mucho tiempo en poder contarle esto a mis amigas o en hablarlo sin sentirme mal conmigo misma. Cada vez que pensaba en sus palabras, aunque racionalmente sabía que él era un imbécil por decirlas, me calaban y me sentía gorda.

Aunque yo nunca me había considerado fea o gorda, él consiguió hacerme sentir incómoda con mi cuerpo, consiguió que considerara apagar la luz por primera vez en mi vida, consiguió que dejara de caminar desnuda por mi cuarto cuando él estaba presente. Me hizo sentirme mal con mi cuerpo, me hizo odiarlo un poquito.

Aun así… yo se lo seguía prestando. Durante todo el tiempo que estuvimos juntos él tuvo acceso a mi cuerpo aunque le parecía gordo.

Perdonarme a mi misma ese préstamo fue de lo que más trabajo me costó cuando terminamos.

En realidad él no hizo nada, más que ser un patán (y encima de todo terriblemente feo y con los dientes más chuecos que he conocido en mi vida) pero yo le permití herirme en una fibra que nadie había tocado antes. Le permití abollar mi autoestima, le di el poder de cambiar la percepción que yo tenía de mi cuerpo y encima le permití seguirlo disfrutando.

Le permití hacerme sentir que me estaba haciendo un favor por querer mi cuerpo. Él no hizo nada, yo le di ese poder y yo hice míos esos sentimientos tan negativos sobre mi cuerpo.

Perdonarme eso y mirarme nuevamente al espejo después de él me costó muchísimo. Al final entendí el error que cometí al quedarme con él y darle acceso a mis lonjas.

Si no le gustaban… ¿para qué se las prestaba?

Y ahí radica el error que muchas mujeres cometemos… Le damos poder a las personas a nuestro alrededor para opinar sobre nuestro físico y nos adueñamos de su percepción sobre nosotras mismas.

Excepto él, todos los novios y parejas que he tenido, han amado cada una de mis curvas, las han disfrutado y elogiado en toda su extensión. Y así debería de ser. Pero la huella que me dejó ese idiota tardó mucho tiempo en borrarse.

¿Por qué prestarle tu cuerpo a quién lo denigra? Después de él esto me quedó clarísimo… Mi cuerpo es perfecto, en cada una de sus lonjas y músculos, es perfecto, es mío, y es una máquina maravillosa que me permite estar viva.

Si no te gusta… no tienes nada que hacer con él. No permitan que nadie, nunca, las haga sentir mal sobre su cuerpo, sobre cualquier parte de su cuerpo.

Nosotras somos las peores juezas al respecto y siempre estamos viendo la forma de mejorar lo que no nos gusta… Si te sobran kilos seguro vives tu vida a dieta, si te sientes muy delgada seguro comes demasiado, cada una trata de cuidar su cuerpo y de ocuparse de él lo mejor que puede como para permitir que un extraño las haga cuestionarse y cambiar su autopercepción.

Mantener nuestra autoestima alta es complicado… amarnos como somos, con todos los defectos, es complicado. Dejar que alguien más nos critique es un grave error.

Si no lo valora… no lo merece. Entre más pronto entendamos esto menos trancazos vamos a sufrir en la vida.

Nací sin el gen de hacerme la difícil

Artículo publicado originalmente en Actitudfem.

Nunca he sabido jugar al gato y al ratón… Estoy acostumbrada a decir lo que pienso, lo que siento y lo que espero de las situaciones en mi vida.

Esta es una desventaja, sobre todo en el terreno de las relaciones. Aunque los hombres se quejan todo el día de querer que las mujeres digamos lo que realmente pensamos, en la práctica aman la cacería.

A los hombres (por lo menos los que yo he conocido, y miren que la lista es larga) les gusta sentirse cazadores, les gusta acechar a su presa, perseguirla, trabajarla y convencerla para sentir que ganaron un premio.

Para muchos, entre más difícil la niña, más clavados están. Aman la cacería.

Y yo… no sé hacerme la difícil.

Si conozco a un tipo y me gusta, no me preocupa que se me note. Si me manda un mensaje y lo veo, contesto inmediatamente, no me espero 10 minutos para que piense que estoy ocupadísima y que no me emociona ver su nombre en mi pantalla.

Si me invita a salir y puedo… le digo que sí, y voy. No le invento que tengo millones de planes con mis amigas para parecer súper ocupada y no verme desesperada por querer salir con él.

Si salimos y me parece guapo… Se lo digo. No me paso la noche viendo a los chicos que pasan para hacerlo sentir menos guapo que todos los demás.

Si me cuenta algo… le pongo atención. No volteo a ver mi celular para que piense que cualquier otra conversación es más interesante que la que estamos teniendo. Y le agradezco cuando hace lo mismo conmigo.

Si me quiero acostar con él… lo hago. No importa si es la primera cita, la 3ª o llevamos 3 meses viéndonos, si la química y el momento se dan, dormimos juntos. No sigo una regla de las 17 citas antes de acostarnos.

Y no disfrazo mi vida… Digo que me gusta la comida (y como enfrente de quien sea), que tomo cerveza, que odio tender mi cama y que nunca me peino. También, si sale en la plática, digo que me gusta el sexo tanto como a cualquier hombre.

No miento, ni disfrazo, ni maquillo, ni escondo… Claramente sigo soltera.

No sé hacerme la víctima y no sé fingir que quiero ser el ratón. Odio el estira y afloja de la cacería que tanto aman los hombres. Nací sin el gen para hacerme la difícil.

Me encanta pensar que, tal vez, allá afuera, en una galaxia no muy lejana, se encuentra un hombre al que no le gusta cazar. Un hombre que prefiere que le digan las cosas de frente, que espere la respuesta de un mensaje, que valore que acepte salir con él el día que me invite, que le guste pensar que si me acuesto con él es porque siento la suficiente química como para hacerlo y al que no le importe con cuántos hombres haya estado antes que él.

Quiero pensar que me espera un amor que quiera estar conmigo y me lo diga, que espere que yo quiera estar con él y no me juzgue por decírselo, un hombre que se emocione el día que durmamos juntos y no piense que ya cazó y que es momento de ir por la próxima víctima.

Tal vez me muera soltera… Tal vez yo no soy la única, tal vez muchas chicas pensamos igual y tal vez haya muchos hombres allá afuera esperando encontrarnos.

Tal vez si todas empezáramos a jugar más a ser nosotras mismas y menos a ser ratones huidizos las relaciones serían más fáciles de disfrutar.

Si no la quiere joven, no la enamore

Artículo original publicado en Actitudfem.

Hasta ahora me acaba de caer el 20 que si algo me pone de malas, malísimas, es que te cuenten historias que no son ciertas.

Seguro me ha pasado muchas veces en la vida, pero hasta hace poco terminé de entender por qué me re enoja que los hombres te endulcen la oreja si no tienen intención de hacer lo que dicen.

Sí, la mentira está terrible y los mentirosos tienen un lugar especial en el infierno, pero es la sensación de incomodidad contigo misma que dejan la que más molesta.

Hace un par de años, allá por el tiempo en el que todavía creía que el gran amor de mi vida estaba a la vuelta de la esquina, me reencontré con un tipo que me había gustado hacía algunos años.

Empezamos dándonos likes en Facebook y dejando comentarios tontos en las fotos del otro… Un inbox por aquí, un poco de coqueteo, una invitación a cenar y a Caro ya se le asomaban las mariposas.

Cuando llegó por mi y lo volví a ver después de un par de años sentí el estómago encogido, así como cuando las mariposas empiezan su revolución. ¡Hacía tanto tiempo que no me gustaba alguien así!

Salimos y la plática era perfecta, tomábamos lo mismo, comíamos lo mismo, queríamos hacer las mismas cosas, su trabajo me fascinaba, el mío le encantaba, no dejábamos de hablar hasta la madrugada…. Y entonces empezaron los planes y las palabras que te hacen perder la cordura.

Jóvenes del mundo… si no tienen planes de quedarse, ¡no nos prometan un viaje a la Luna! No importa si en ese momento lo sienten y creen en el fondo de su ser que sí lo van a hacer, si ya se conocen y ya saben que no somos la indicada para ir con ustedes en su camino, ¡no nos lo digan!

Cuando empiezan a hacer planes con nosotras hasta la más fría se visualiza… y se la cree. Y creértela es el principio del barranco. No importa lo centrada y realista que sea una, a todas nos encanta la idea de vernos con esa persona en una playa virgen o conociendo a su mamá o llevando a sus sobrinos al cine o tomándose una foto en Berlín. Todas empezamos a ver la escena en nuestra cabeza y nos gusta.

Más si los planes vienen acompañados de frases como “eres la única con la que me gustaría hacer ese viaje”. Las frases con las que eleven nuestro ego a la máxima potencia regresan a golpearte cuando se van.

“Con nadie había platicado como contigo… Nadie me había escuchado así… Nadie entiende mi trabajo como tú… Eres la chica más inteligente con la que he estado… Eres guapísima, todos se te quedan viendo”.

¡Nosotras sabemos todo eso! Sabemos que somos hermosas, inteligentes, buenas personas, amables, sensibles y todos los adjetivos del mundo, pero cuando un tipo viene y te lo dice viéndote a los ojos es como si te lo dijeran por primera vez. Y cuando se va es como si te lo arrebatara dejándote un vacío de adjetivos que tratas de llenar con frases automotivacionales como “maldito estúpido, qué bueno que se fue”.

Y la verdad es que sí… si él no era qué bueno que se fue, pero ¿a dónde se mudan todas esas frases y todos esos planes?

El tipo este, encima de todo, desapareció sin decir nada, literal aplicó el ghosting sin más y bueno, mejor… si yo no era tan maravillosa para él como decía pues adelante (frase automotivacional) pero se llevó la magia de pensar que el gran amor de mi vida estaba a la vuelta de la esquina, se fue llevándose la esperanza de que había un cuento de Disney también para mí, se fue quitándome la ilusión de que también a mi fuera a tocarme una historia de amor digna de escribirse.

No quiere decir que todo eso esté negado para mi porque él no fue… si no que así me sentí durante un buen rato después de su desaparición. No pasa nada, la vida sigue y los patanes seguirán llegando y yéndose, pero ¿qué necesidad de decir cosas y hacer planes que no van a cumplir?

Y esto es algo que nos enoja a todas… platicando con mis amigas entendimos que no es el hecho de que se vayan, sino las frases vacías que se quedan taladradas en nuestras cabezas cuando se van. Enoja muchísimo que te digan que eres la más bonita y se vayan con otra.

Enoja muchísimo que te echen un speech de que eres la mejor mujer que han conocido y luego desaparezcan… ¿quién en su sano juicio dejaría a la mejor mujer? ¡Nadie! Y entonces una empieza a darle vueltas y vueltas… ¿y si no soy tan buena?

Aunque sepamos que somos perfectas, maravillosas e increíbles… Sus frases vacías disparan directo contra nuestra autoestima, no importa qué tan fuerte y segura seas. Duelen.

Así que jóvenes ilustres del mundo… la invitación es muy simple. Si no la quiere o no planea quererla, no la enamore. Les juramos que podemos tener relaciones súper agradables y divertidas sin necesidad de hacer promesas y planes falsos. Si no lo piensan, ¡no lo digan!

Y por favor… ahórrense comentarios como “eres la más bonita del corral” si planean irse con otra. #SeamosSinceros #PorFavor

Cuando te dicen que eres la mujer más increíble… y luego se van

Artículo original publicado en Actitudfem.

A todas nos ha pasado… y a las que no, les aseguro que les pasará en cualquier momento.

Conoces a alguien, empiezan a salir, la historia fluye, miel sobre hojuelas, mariposas en el estómago, largas pláticas por teléfono, mensajitos de WhatsApp al despertar, las buenas noches al final día…

Y claro… Las palabras.

Más allá de los te quiero y los te amo (que si un hombre suelta muy pronto es fácil darnos cuenta cuando miente), hay frases que parecen salidas del mismo libro y que nos echan a andar la cabeza y el corazón.

Frases como “Nunca había conocido a alguien como tú”, “Eres la persona más ______ (inserte aquí cualquier adjetivo que te describa) que he conocido”, o “Eres perfecta” nos taladran las ideas y se nos quedan grabadas a fuego.

Porque nos las creemos… ¡Y hacemos bien en creérnoslas! Nosotras sabemos que somos todo eso y más, sabemos que somos guapas, inteligentes, divertidas, simpáticas, amables, cariñosas, comprensivas… Sabemos que no habían conocido a nadie como nosotras porque somos únicas y sí, somos perfectas.

Y nos fascina que el tipo en cuestión se dé cuenta de todo esto que somos, nos da esperanza ver que lo nota y parece valorarlo, tanto como para decírnoslo. Estas frases nos hacen creer que esta persona que tenemos enfrente nos comprende, nos conoce, se alegra de habernos conocido y sobre todo, agradece que una persona tan chingona como nosotras lo haya elegido a él.

Si la historia continúa y se forma una relación estable y saludable, todo bien. Esas frases tienen todo el sentido del mundo. Pero, ¿qué pasa cuando el Fulanito que te dice que eres perfecta y que nunca había conocido a alguien como tú, desaparece?

¿Qué pasa cuando el que te dice que eres la mujer más inteligente / guapa / simpática del mundo elige a otra para ser su pareja?

¡Se nos cae la autoestima al piso! Y es lógico, ¿quién en su sano juicio dejaría ir a la mujer más hermosa del mundo? ¿O a la más lista? ¿O a la única que lo hace feliz? Así que dudamos de que todas esas cualidades sean nuestras…

El problema con esas frases (que estoy segura sacan del mismo manual de patanismo) es que nos hacen cuestionar lo que somos, nos hacen dudar de ser merecedoras de un buen amor y de una relación sana, porque si esa persona con la que todo parecía fluir y que notó nuestras maravillosas cualidades se va… Lo lógico sería pensar que es porque realmente no somos tan maravillosas.

Y duele.

Cuesta trabajo recoger los pedacitos no de nuestro corazón, porque muchas de estas historias en las que desaparecen ni siquiera te dan tiempo a enamorarte, sino los pedacitos de tu autoestima, de tu orgullo maltratado y puesto en duda.

Cuesta trabajo separar lo que piensas de ti misma de lo que pensó ese tipo que se fue, porque cuando nos dicen estas cosas, nos hacen sentir valoradas. Y la necesidad de reconocimiento es una de las más profundas.

Me encantaría que muchos hombres leyeran este texto y quemaran ese libro de frases vacías. Que se dieran cuenta del impacto que tienen estos comentarios y se propusieran no hacerlos si no los sienten o si no piensan quedarse.

Pero la realidad es que seguiremos escuchándolos… Lo que sí podemos hacer es, a partir de ahora, separar las decisiones de terceros de nuestros pensamientos sobre nosotras mismas, para tratar de mitigar un poquito ese sentimiento de…. “¿Quién demonios dejaría a la mujer más _____________ del mundo?”

Los patanes no te dañan, te curan de espantos

Texto publicado originalmente en Actitudfem.

Hace unos días, una amiga que acababa de pelearse con su novio llegó a la conclusión de que los patanes que nos vamos encontrando en la vida nos dejan dañadas.

Ella estuvo 7 años en una relación que aparentaba ser perfecta, con un tipo simpático, guapo, buena persona, e infiel crónico. El problema de la infidelidad (más allá de los problemas obvios) es que los infieles juzgan como viven, así que suelen ser tipos posesivos y controladores y que encima exigen como si realmente merecieran.

Sé que durante mucho tiempo ella creyó que este hombre era el amor de su vida, el papá de sus hijos y la persona con la que se haría viejita, pero eventualmente (y afortunadamente) el tipo cayó en el cinismo típico del infiel crónico y ella no pudo seguir ignorando esa situación.

Un buen día se vio forzada a tomar la decisión de seguir siendo esa mujer sumisa a la que le ven la cara y todo el mundo se da cuenta menos ella, o continuar su camino sola e ir recogiendo, poco a poco, los pedacitos de sí misma que perdió en esa relación.

Después de haber vivido esa situación y de haberlo dejado, se prometió a sí misma que jamás volvería a permitirse una historia así. Poco a poco, mientras siguió su camino, fue marcando sus propios límites para no volver a perderse.

La cosa es que esos límites se vuelven infranqueables y nosotras nos ponemos en un estado de alerta máxima ante cualquier situación que pueda afectar nuestra ahora reparada cordura.

Pero eso no es haber quedado dañadas… es haber quedado curadas.

Esas cicatrices que aparecen a la menor provocación están ahí para recordarnos todas esas promesas que nos hacemos cuando nos rompen el corazón y estamos sentadas con el bote de helado prometiendo no volver a hacerlo.

Mi amiga estaba enojadísima porque su novio le había hecho una escena de celos que la había hecho recordar esa otra relación en la que los celos eran su día a día y a la que se juró no volver. Y aunque su actual novio no tiene nada que ver con ese patán que la trató con la punta del pie (pero le llevaba flores, para que supiera que la quería), esos recuerdos brincan en el instante en que algo le suena remotamente familiar.

Pero no es que esté dañada… ¡Está totalmente arreglada! Porque ahora puede perfectamente decidir no tolerar eso en su relación, ser firme en las cosas que no le gustan y no dejarse caer nuevamente en un círculo vicioso del que le costaría infinitamente más salir una segunda vez.

Y aunque esto tiene que llevar un poco de trabajo interno para no aventarle al pobre novio actual las culpas del anterior, el hecho de tener muy claro lo que no estamos dispuestas a tolerar nos hace mejores personas, cada día.

Así como un mal trabajo te enseña lo que debes negociar en el siguiente, un mal novio te enseña cosas de ti que te van a ayudar a tener la pareja que sí mereces.

Dejemos de pensar que los patanes nos dañaron como si fuéramos fruta golpeada en el mercado, porque si hay algo que podamos agradecerles es habernos llevado al límite y habernos obligado a punta de lágrimas a tomar mejores decisiones para nosotras.

No estamos dañadas, esas malas relaciones no tienen ese poder sobre ti… ¡Estás curada de espantos! Y ahora sabes lo que jamás deberías permitir y estás un paso más cerca de encontrar esa relación que sí te haga feliz.

¿Quién nos dijo que ser intensas era defecto?

Texto publicado originalmente en Actitudfem.

Hasta hace un año, odiaba la palabra intensa. Cuando el chico en turno la usaba para describirme, me sentía fatal, sentía que estaba fallando en mi misión de vivir la vida sin complicaciones y teniendo relaciones cool y buena onda.

Hasta que maduré.

Un buen día, mientras leía un mensaje del último susodicho al que le permití “ofenderme” con la palabra intensa, caí en la cuenta de que lo que muchos entienden (yo incluida) por intensidad es, en realidad, una serie de actitudes de una mujer que sabe lo que quiere y que no está dispuesta a conformarse con menos.

Habrá sus excepciones, claro… pero en general, una chica intensa es la que no tiene miedo de enojarse cuando algo no le gusta, una que conoce sus límites y no está dispuesta a que le pasen por encima, una que tiene el carácter necesario para decir lo que quiere de manera asertiva y por lo general, directa. ¡Todas debemos ser intensas!

La más intensa de mis amigas, hablando en términos generales con el uso de esta palabra, es una chica que cuando se propone algo lo logra hasta sus últimas consecuencias. Decidió empezar a correr y no paró hasta estar en maratones. Decidió empezar una clase de Power Jump y no paró hasta tener una certificación de que es la mejor en Power Jump. Decidió hacerme un regalo de cumpleaños, y organizó a 30 amigos para que todos me mandaran un letrero con el que formar una carta para felicitarme.

Yo quiero ser así de intensa.

Ahora, llevándolo al plano de las hermosas relaciones de pareja, pensemos en esa amiga a la que siempre dejan por ser demasiado “intensa”. ¿Qué hace mal? ¿Marcarle por teléfono? ¿Contestarle los mensajes? ¿Buscarlo cuando tiene ganas de verlo? ¿Salir con él cuando la invitan? ¿Estar disponible cuando quiere estarlo? ¡Eso no es ser intensa! Es ser auténtica contigo misma y con lo que quieres y, por lo tanto, auténtica con lo que esperas recibir del otro.

Y si el otro considera que eso es un nivel de intensidad con el que no puede vivir… No debería estar contigo.

Esta pequeña revelación cambió mi perspectiva hacia esta palabra. Ser una chica intensa es algo positivo, es equivalente a ser una persona que sabe lo que quiere y está dispuesta a hacer lo necesario para conseguirlo.

Hace poco, mi amiga a la que siempre dejan por intensa, conoció a un chico. Siendo fiel a su intensa personalidad, se ilusionó desde el tercer día, y para el 5o ya se mandaban mensajes todo el tiempo. Ella quiere eso en una relación… Quiere a una persona que le conteste el teléfono cuando ella le escriba, que le mande mensajes de buenos días y buenas noches, y que le pregunte cómo va su día. A cambio, ella va a amarlo con esa intensidad que la caracteriza. No debería conformarse con nada menos.

La historia no prosperó… pero ella está consciente de que si él la juzgaba de “intensa” con esa connotación negativa que aún tiene la palabra, entonces él no era para ella. Porque para la persona correcta, esa intensidad será únicamente una expresión de cariño.

A mis 31 estoy cómoda con mi intensidad, pero no fue un camino fácil. Me tomó muchas relaciones tormentosas darme cuenta de que lo que ellos calificaban de “intensidad” era en realidad una expresión auténtica de lo que quería en mi vida, y que el simple hecho de que otro lo considere algo negativo es el primer indicio de que no es la relación que debería tener.

Dejemos de rechazar nuestra intensidad y dejemos de sentirnos mal cuando alguien se aleja por ser demasiado “intensas”… Nuestra intensidad es una de nuestras mejores cualidades, porque así como la llevamos a nuestras relaciones interpersonales la llevamos a todo lo que hacemos, y es esa intensidad por la vida la que nos ha dado todo lo que tenemos.

Amemos nuestra intensidad… y el que tenga un concepto diferente de ella, tal vez no es el adecuado para disfrutarla, ¿no creen?

Mesa para una

Una confesión escrita con anécdotas divertidas, retos que empoderan y situaciones donde los encuentros y desencuentros amorosos son básicos para construir una actitud a prueba de decepciones.

Descubre de la mano de Caro Saracho cómo ser tu propia heroína y aprovechar el superpoder que es la soltería para tomar mejores decisiones, recordar lo que quieres y mereces y no conformarte, por muy cómodo y tentador que parezca.

Otras autoras han opinado…

“Olvídate del estigma que califica a la mujer que no tiene novio o marido como amargada y poco deseada. Ser soltera es un estado voluntario y lleno de gozo, que no sólo te brinda libertad y energía, sino también poder. ¡Gracias, Caro Saracho, por ser la voz de todas las que no necesitamos medias naranjas, porque ya nos sentimos completas!”

LUCY LARA, periodista, conferencista y autora del bestseller Imagen, actitud y poder

“Nunca antes se ha explicado tan bien aquello de ‘mejor sola que mal acompañada’. Caro Saracho te ayuda con mucho humor a superar los obstáculos y traumas propios y de extraños para disfrutar tu soltería plenamente.”

SOFÍA MACÍAS, emprendedora y autora del bestseller Pequeño Cerdo Capitalista

“Caro Saracho nos recuerda que siempre tenemos mejores opciones que ese hombre que no nos llena… El libro que puedes regalarle a tu amiga que sigue aferrada a su cucaracha (disfrazada de mariposa) o que puedes prestarle a la tía que siempre te pregunta si ya tienes novio.”

SUSANA MIYAR, directora editorial de Actitudfem (y roomie de Caro)

¿Listas para leerlo?

Aquí les dejo los links para pedirlo hasta su casa:

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Gandhi

Lo que aprendes después de 5 años soltera

¡No puedo creer que ya hayan pasado 5 años! Hasta hace muy poco tiempo, sentía que apenas el año pasado me despedí de ese gran (y desastroso) amor al que le lloré mucho tiempo.

Pero sí… este año cumplo 5 años soltera, y además de haberme dado cuenta de que #LaVidaNOesRosa y adueñarme del #SoySola, he aprendido montones de cosas sobre mi misma, sobre los hombres y sobre lo que quiero para mi vida.

Sí, ahora creo que con que tenga dientes es suficiente… pero para llegar a este punto tuve que llorar muchas lágrimas de las que una siempre aprende.

Así que a punto de cumplir 30 y siendo mi 5º año vagando por la soltería, puedo decir que aprendí:

  • Que el tiempo sí lo cura todo. No es choro y aunque cuando te lo dicen tus amigas las quieres aventar por la ventana, en realidad el tiempo sí cura todo. No quiere decir que olvides, pero sí deja de doler, eventualmente.
  • Que las lágrimas sí se acaban. Eventualmente, llega un momento en el que, aún cuando creías que nunca iba a pasar, se acaban. Un buen día ya no tienes más lágrimas que regalarle a tu historia perdida.
  • Que nada se olvida, ni se supera… sólo se aprende a vivir con y se sigue adelante.
  • Que una puede tomar malas, malísimas decisiones cuando está aburrida emocionalmente. De repente te encuentras invirtiendo tiempo (y más estupideces) en alguien que no vale ni poquito la pena.
  • Que la combinación entre aburrimiento emocional + ambiente de oficina suele resultar en tomar malas decisiones con gente que normalmente no hubieras volteado a ver si no tuvieras que pasar 10 horas enlatados en el mismo espacio.
  • Que si no tomas esas malísimas decisiones no sabrías que fueron malas.
  • Que es bonito eso de darle una oportunidad a las aventuras y a la gente diferente a ti… que se vale experimentar con personas con las que normalmente no saldrías, pero que esas historias en las que el chico raro se enamora de la chica popular son la excepción y no la regla.
  • Que muy pocas personas viven las ilusiones de Hollywood. Que las princesas también terminaron llorando por un marido infiel o porque no pudieron cumplir sus sueños. Que al final las historias que nos toca vivir son de carne y hueso.
  • Que una buena relación es la que te hace sentir segura y estable, independientemente de qué tan guapo esté o cuánto sexo tengan. Una buena relación es la que te hace sentir cómoda en tu propia piel, que te empuja a ser mejor persona… y que en la vida real eso significa tener a alguien que quiera ver series contigo un domingo, más allá de la fiesta y el sexo.
  • Que debes confiar en tus instintos… si desde la primera cita no hubo química, difícilmente la habrá después.
  • Que si fuerzas las cosas buscando la química terminarás involucrada emocionalmente con alguien con quien no deberías.
  • Que se vale decir clara y abiertamente lo que esperas y quieres de una persona… Y aceptar que si esa persona no quiere lo mismo, lo mejor es dejarse ir.
  • Que una ya no está para perder el tiempo con sexo mediocre, pero que en ocasiones es mejor tener mal sexo que nada de sexo.
  • Que ser honesta con una misma es indispensable… con los demás es opcional.
  • Que nadie es capaz de seguir sus propios consejos, no importa cuantas veces los hayas dado y cuántas veces hayas querido cachetear a tus amigas por cometer los mismos errores.
  • Que al final de todo, una siempre sabe cuando está a punto de quemarse, pero que cada paso y cada aventura valdrán la pena porque de eso se trata el viaje.

A estas alturas… con que tenga dientes

Esta viene siendo la frase con la que describo casi todas mis citas fallidas… A mis amigos les causa gracia, a mi empieza a parecerme realista.

Conforme pasa el tiempo las expectativas de la “pareja ideal” van cambiando. Cuando tenía 20 la lista de cualidades que debía tener mi hombre perfecto era extensa y seguramente incluía puntos como exitoso, guapo, barbón, alto, de buena familia, con maestría y casa de campo en Los Ángeles (por decir algo).

A los 25 la lista se hizo más realista: trabajador, ambicioso, con una carrera estable, que me haga reír y no esté feo.

A los 30 la lista se redujo: que tenga dientes.

Y por dientes me refiero a muchas cosas… En realidad los dientes es lo último en lo que me fijo de una persona (si les enseño la clase de dentaduras chuecas de las que me he enamorado se morirían de la risa), pero se ha convertido en una metáfora de que en realidad, a estas alturas, ya no busco nada en específico.

Espero que la vida me sorprenda. Si alguien me preguntara qué cualidades debiera tener mi hombre perfecto, seguramente seguiría pidiendo algo como una profesión estable, sueños y ambiciones, sentido del humor… pero todas esas cosas se van diluyendo conforme sales con chicos que tienen todo eso y ninguno resulta ser el gran amor de la vida.

Si la tendencia continúa y cada año que pasa en el calendario me hace menos exigente y más realista, creo que lo que en realidad quiero es una persona que esté ahí.

Y puede ser alto o chaparro (algo que a los 20 jamás hubiera aceptado), feo o guapo, barbón o lampiño, rubio o moreno. Muchas personas dirán que eso es conformarse… Otros nos hemos dado cuenta de que uno se enamora de lo que puede.

Las últimas relaciones que he tenido y las citas fallidas que se han acumulado en el historial no han funcionado por una simple razón: yo necesito a alguien que esté ahí, a alguien que no tenga que perseguir, alguien con quien no tenga que jugar al gato y al ratón, alguien que conteste los mensajes cuando los vea y quiera acompañarme a la fiesta de mi amiga no porque le encante convivir con ellas sino porque eso es lo que hacen las parejas.

A estas alturas… que tenga dientes para mi significa que será alguien que quiera estar ahí, que tenga ganas de caminar a mi lado, que sea feliz sólo pero lo quiera ser conmigo también.

Las expectativas de lo que es una pareja perfecta cambian todo el tiempo… Cambian con la edad, con las desilusiones, con lo aprendido en las relaciones, con las situaciones de vida que vamos atravesando.

Cada vez más nos alejamos de “mi hombre perfecto” para acercarnos más a las cosas que realmente importan: alguien nos haga feliz, sin más rollo.

Con esta idea me he animado a salir con chicos totalmente diferentes a mi, gamers, pilotos, hasta ingenieros o chavitos bien de toda la vida, alejados por completo de mi ideal de los 20 pero cada vez más cercanos a lo que necesito a mis 30.

Porque a estas alturas chicas… con que tenga dientes.